Implicación emocional e intelectual: el PLE como puente hacia la Historia Contemporánea de España

Quienes hemos pasado por institutos, ya sea como alumnos o como docentes, hemos percibido un cierto antiintelectualismo en el alumnado. No es que no sean inteligentes ni capaces de aprobar las asignaturas: la amplia mayoría aprueba sin muchos problemas. Lo que sucede es que los alumnos parecen haber perdido la curiosidad y muestran rechazo hacia todo aquello que exige reflexión, lectura pausada o esfuerzo sostenido. En 2º de Bachillerato esto se me hace especialmente curioso: muchos alumnos afrontan la asignatura de Historia Contemporánea de España como un trámite, una sucesión de temas que hay que memorizar para la selectividad, sin demasiado interés por comprenderlos o relacionarlos con su propia vida. Y, sin embargo, se trata de un periodo histórico que explica buena parte de lo que somos hoy. El siglo XIX, la Guerra Civil, el franquismo o la Transición no son contenidos lejanos: están presentes en el entorno familiar, en los debates públicos, en los medios de comunicación y en la propia experiencia cotidiana del alumnado. Por ello, es urgente revisar cómo los alumnos se acercan a la historia reciente para tratar de reavivar la llama de la curiosidad. 

Aquí es donde entra en juego un objetivo fundamental: convencer al alumnado de que la cultura y el aprendizaje pueden formar parte de su identidad personal y ser disfrutadosPrecisamente en este contexto surge eentorno personal de aprendizaje (PLE) como una herramienta especialmente potente para avanzar en esta dirección. El PLE permite que el alumnado deje de ser un receptor pasivo y pase a construir su propio camino de aprendizaje, seleccionando fuentes, herramientas y espacios virtuales que se adapten a sus intereses específicos y a su nivel de conocimientos. Cuando un alumno incorpora a su entorno de aprendizaje documentales, artículos periodísticos, testimonios familiares, mapas interactivos o debates actuales relacionados con la Historia Contemporánea de España, la materia empieza a ocupar un lugar más real y menos escolarizado en su vida. Lo mejor de esto es que esta implicación no es solo intelectual, sino también emocional. El PLE podrífacilitar que el alumnado conecte los contenidos históricos desde sus preguntas personales específicas, como podría ser, “¿cómo se vivió en mi pueblo la Guerra Civil?”Esa conexión emocional no resta objetividad a la materia, sino que motiva a los alumnos a acercarse a aquella facetde los procesos históricos que más les interese.  

Además, no podemos olvidar la dimensión social del aprendizaje. El PLE no es un espacio individual aislado, sino una red de relacionesAsí pues, partiendo de la pregunta anterior, el alumno interesado en conocer lo sucedido en su pueblo durante la Guerra Civil podría incorporarse a un proyecto de investigación en grupo o a un trabajo colaborativo que trate de dilucidar esta cuestión. Es una oportunidad de oro para explotar los intereses históricos de los alumnos y traerlos a su vida personal y social.  

En definitiva, si queremos combatir el desinterés y el antiintelectualismo, no basta con insistir en la importancia de la historianecesitamos generar implicación emocional e intelectual en el alumnado. El entorno personal de aprendizaje nos ofrece una vía genial para lograrlo, permitiendo al alumno partir de sus intereses concretos e incorporarse a grupos que los comparten. Se trata, sencillamente, de una herramienta más para acercarnos al tan codiciado aprendizaje significativo: la magia de conectar la vida del alumnado con aquello que estudian. 

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