El PLE como herramienta de autoconocimiento
Tal como hemos ido viendo durante todo este máster, en la educación secundaria, aprender no solo consiste en memorizar información. Hoy en día, la innovación y la reflexión cobran más importancia que la memorización tradicional. La educación se trata de entender qué y cómo aprender y que los estudiantes descubran quiénes son mediante este proceso de aprendizaje. Aquí es donde el PLE se vuelve una herramienta poderosa.
Yo he sido estudiante de Humanidades, Filosofía y ahora curso el máster de Educación Secundaria, lo que me ha permitido vivir de primera mano cómo cambia la educación, las herramientas, la tecnología y nuestras estrategias de aprendizaje a medida que avanzamos en los estudios. Desde la lectura de textos filosóficos complejos hasta la planificación de proyectos educativos, he aprendido que no existe un único camino para aprender: cada persona descubre su manera de procesar la información, de organizarla y de relacionarla con sus intereses.
Estas experiencias me han hecho comprender que un PLE es, sobre todo, un reflejo del estudiante y del avance tecnológico e innovador en la educación. Por eso, hablar de esta estrategia de aprendizaje desde la filosofía no es solo teórico: es conectar la reflexión sobre cómo aprendemos con la práctica de organizar nuestro propio aprendizaje de forma consciente y autónoma.
Un PLE no es solo una herramienta tecnológica. Recoge recursos y estrategias que cada estudiante organiza según su propio ritmo y manera de aprender. Filosóficamente, esto se podría conectar con la máxima famosa de Sócrates: “Conócete a ti mismo”. Así como el filósofo nos invita a reflexionar sobre nosotros mismos, un PLE invita al estudiante a reflexionar sobre su aprendizaje, identificando sus respectivos intereses, fortalezas y debilidades.
O como decía el historiador Marc Bloch, “La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado”. Aprender Historia, por tanto, no consiste únicamente en recordar fechas, sino en comprender procesos y relacionarlos con nuestro presente, algo que el PLE favorece al permitir al estudiante organizar y analizar la información de forma crítica.
Por ejemplo, un estudiante puede descubrir que aprende mejor viendo vídeos explicativos en YouTube o cualquier otra plataforma, mientras que otro prefiere leer artículos o tomar notas en su libreta. Elegir conscientemente qué recursos utilizar según nuestro estilo de aprendizaje es un acto de autoconocimiento: nos hace conscientes de cómo pensamos, procesamos información y nos motivamos.
Así que pienso que el PLE fomenta la autorreflexión constante. Cuando se planifica qué aprender, cómo o con qué herramientas y con quién interactuar, los estudiantes están desarrollando habilidades metacognitivas. Esto quiere decir que desarrollan la capacidad de pensar sobre su propio pensamiento. Esta reflexión filosófica no hace más que ayudarles a tomar decisiones más conscientes, no solo en el aula, sino en cualquier ámbito y momento de su vida. Un alumno, por ejemplo, que revisa sus notas digitales, compara otros posibles sistemas y ajusta su planificación semanal, está aplicando un proceso filosófico de autoconocimiento (analiza su forma de aprender y cómo mejorar).
Con lo cual me remito a creer que, aunque las Humanidades, la Filosofía y la Historia siempre se hayan dado de forma tradicional o magistral, el PLE puede considerarse una herramienta útil tanto para enseñar estas disciplinas que han estado con nosotros desde que tenemos conciencia, como para reflexionar sobre ellas mismas. Dicho de otra manera, este conjunto de herramientas de aprendizaje permite que los estudiantes no solo absorban contenidos, sino que los cuestionen, los relacionen con su experiencia y los adapten a su manera de pensar, conectando la tradición con la innovación educativa.
Andrea Crespo Reina
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